Introducción
Luego de decenas de experiencias de laboratorio realizadas sobre nuestra economía, por fin el Perú comprendió que el Libre Mercado es el único capaz (o el menos malo) de mantener los precios, condiciones y características de los productos y servicios equilibrados y en constante mejoría.
Ninguna regla confiscatoria o interventora contra el mercado, es capaz de solucionar los problemas que surgen en él, salvo ante la existencia de distorsiones en la economía que no pueden ser superadas por el mercado (abuso de posición de dominio o prácticas restrictivas de la competencia).
Ya no está discusión si el Estado es un buen empresario, a pesar que en decenas de países desarrollados, el Estado sigue realizando actividades privadas, ofertando bienes y servicios, de manera próspera. A pesar de ello, en Latinoamérica, hemos demostrado que no estamos preparados aún para asumir tremendo reto.
De esta manera, en el año 1991, se apertura el mercado peruano, creando políticas de promoción de la inversión privada, e invitando a las empresas más prósperas, de diversos países, a invertir en nuestro país y a confiar en nosotros.
Es así que ingresaron multinacionales a sectores estratégicos (energía, minería, telecomunicaciones), y en el sector producción, una masiva tendencia a la adquisición de empresas y fusiones se hizo notar; sacando de la grave crisis a muchas de ellas, que, de no haber ocurrido, las marcas Saga y D`onofrio serían sólo muy buenos recuerdos en nuestras mentes.
Pero, el sector PYME fue uno de los que más sufrió con la intervención estatal en la economía; decenas de miles de empresas cerraron sus puertas, una muy buena de bienes ofertados en un momento inoportuno (minutos antes de la subida drástica del dólar, o del anuncio de hiperinflación) significaba perderlo todo.
Sin embargo, no todo fue responsabilidad de las políticas macroeconómicas dictadas por el supremo gobierno. Las PYMEs eran muy débiles, y en miles de casos, esta situación no ha cambiado, a pesar que la economía ya cambió.
Momentos de gloria: sonrisa y lágrimas
Tenía seis años y no comprendía como en un momento de depresión económica, muchos agricultores, con pequeños negocios paseaban en ostentosos autos y vivían en lujosas casas de playa. Comprendo que en Suiza, teniendo tres hectáreas de cacao y dos vacas, un agricultor puede estacionar un lindo Mercedes Benz en su garaje[1]. Pero en el Perú aun las cosas no son comparables con el país de las trufas y los longiness.
Años después me enteré que ocurría lo siguiente, un pequeño “empresario”, conociendo que el gobierno promovía la agricultura mediante créditos bancarios compraba dos hectáreas de tierra a uno de sus hermanos y recurría al tristemente célebre Banco Agrario, donde presentaba un par de documentos (a veces) y se le entregaba el dinero suficiente para que prospere su negocio. Pero, como la tasa de interés era prácticamente cero, y existía un área de cobranzas intencionalmente ineficiente, la tasa de morosidad en los pagos superaba el orden del 90%; y el supuesto empresario empleaba todo el dinero en lujos y vida ostentosa, sin invertir un centavo en el destino para el que adquirió el crédito, y obviamente sin devolver el dinero al Banco. Así terminó colapsando el Banco Agropecuario y el “empresario” gozaba de solvencia económica un par de días, sin darse cuenta que habían perdido la oportunidad de su vida a consecuencia de matar a la gallina de los huevos de oro.
¿Y dónde está el error?
El peruano se caracteriza por su aparente picardía, el microempresario tiene cuatro o cinco precios distintos de sus productos, dependiendo con quién trate (caserito, cliente nuevo, ingenuo, extranjero, paisano); en su gran mayoría es informal; siempre está buscando “la oportunidad de su vida”, pero nunca juega la lotería. Luego, tras el crecimiento de su pequeño negocio, constituye una pequeña empresa, y la administra él mismo, su esposa, o alguno de sus hijos. El dinero que ingresa al negocio, es confundido con el dinero de casa, con el sueldo que gana la cónyuge en su empleo y con la propina que envía el hijo mayor que está laborando en el extranjero. Asimismo, todos disponen del dinero de caja y, a pesar que pueden vivir el día a día, el pujante negocio no deja de ser la caja del día, y sus propietarios han perdido la oportunidad de convertirse en prósperos empresarios; en un ejemplo a seguir.
El Gobierno Corporativo en el Perú
De acuerdo a lo establecido por los Principios del Buen Gobierno Corporativo en la Empresa Peruana[2], éste viene cobrando cada vez más importancia en el ámbito local e internacional debido a su reconocimiento como un valioso medio para alcanzar mercados más confiables y eficientes.
En los últimos años se han establecido principios de adhesión voluntaria, realizado acuciosos estudios e implementado una serie de reformas legislativas, a fin de incentivar el desarrollo de buenas prácticas de gobierno corporativo.
Se ha comprobado el impacto directo y significativo que la implementación que dichas prácticas tienen en el valor, solidez y eficiencia de las empresas, y por tanto en el desarrollo económico y bienestar general de los países.
El texto mencionado, describe al Gobierno Corporativo como aquel que explica las reglas y los procedimientos para tomar decisiones en asuntos como el trato equitativo de los accionistas, el manejo de los conflictos de interés, la estructura de capital, los esquemas de remuneración e incentivos de la administración, las adquisiciones de control, la revelación de información, la influencia de inversionistas institucionales, entre otros, que afectan el proceso a través del cual las rentas de la sociedad son distribuidas[3].
En resumen, el gobierno corporativo ha nacido con la finalidad de crear un nuevo perfil de las empresas peruanas, para que puedan participar de una economía globalizada, y de esta manera, las empresas peruanas puedan abrir su capital a la inversión privada nacional o extranjera, para lo cual es necesario que se brinde niveles mínimos de control, protección e información al inversor y accionista minoritario.
Dicho esto, es importante remarcar que el conjunto de normas o prácticas del buen gobierno corporativo, involucra las relaciones entre el directorio, la gerencia, los accionistas y otros grupos de interés (acreedores, empleados, bonistas). El objetivo es que el directorio y la gerencia actúen siempre en beneficio de los intereses de la empresa y de sus accionistas, y que se facilite el monitoreo efectivo por parte de éstos últimos, incentivándose el uso más eficiente de los recursos por parte de las empresas. El buen gobierno corporativo es un elemento esencial en la búsqueda de eficiencia económica para todo mercado de valores.
Luego de decenas de experiencias de laboratorio realizadas sobre nuestra economía, por fin el Perú comprendió que el Libre Mercado es el único capaz (o el menos malo) de mantener los precios, condiciones y características de los productos y servicios equilibrados y en constante mejoría.
Ninguna regla confiscatoria o interventora contra el mercado, es capaz de solucionar los problemas que surgen en él, salvo ante la existencia de distorsiones en la economía que no pueden ser superadas por el mercado (abuso de posición de dominio o prácticas restrictivas de la competencia).
Ya no está discusión si el Estado es un buen empresario, a pesar que en decenas de países desarrollados, el Estado sigue realizando actividades privadas, ofertando bienes y servicios, de manera próspera. A pesar de ello, en Latinoamérica, hemos demostrado que no estamos preparados aún para asumir tremendo reto.
De esta manera, en el año 1991, se apertura el mercado peruano, creando políticas de promoción de la inversión privada, e invitando a las empresas más prósperas, de diversos países, a invertir en nuestro país y a confiar en nosotros.
Es así que ingresaron multinacionales a sectores estratégicos (energía, minería, telecomunicaciones), y en el sector producción, una masiva tendencia a la adquisición de empresas y fusiones se hizo notar; sacando de la grave crisis a muchas de ellas, que, de no haber ocurrido, las marcas Saga y D`onofrio serían sólo muy buenos recuerdos en nuestras mentes.
Pero, el sector PYME fue uno de los que más sufrió con la intervención estatal en la economía; decenas de miles de empresas cerraron sus puertas, una muy buena de bienes ofertados en un momento inoportuno (minutos antes de la subida drástica del dólar, o del anuncio de hiperinflación) significaba perderlo todo.
Sin embargo, no todo fue responsabilidad de las políticas macroeconómicas dictadas por el supremo gobierno. Las PYMEs eran muy débiles, y en miles de casos, esta situación no ha cambiado, a pesar que la economía ya cambió.
Momentos de gloria: sonrisa y lágrimas
Tenía seis años y no comprendía como en un momento de depresión económica, muchos agricultores, con pequeños negocios paseaban en ostentosos autos y vivían en lujosas casas de playa. Comprendo que en Suiza, teniendo tres hectáreas de cacao y dos vacas, un agricultor puede estacionar un lindo Mercedes Benz en su garaje[1]. Pero en el Perú aun las cosas no son comparables con el país de las trufas y los longiness.
Años después me enteré que ocurría lo siguiente, un pequeño “empresario”, conociendo que el gobierno promovía la agricultura mediante créditos bancarios compraba dos hectáreas de tierra a uno de sus hermanos y recurría al tristemente célebre Banco Agrario, donde presentaba un par de documentos (a veces) y se le entregaba el dinero suficiente para que prospere su negocio. Pero, como la tasa de interés era prácticamente cero, y existía un área de cobranzas intencionalmente ineficiente, la tasa de morosidad en los pagos superaba el orden del 90%; y el supuesto empresario empleaba todo el dinero en lujos y vida ostentosa, sin invertir un centavo en el destino para el que adquirió el crédito, y obviamente sin devolver el dinero al Banco. Así terminó colapsando el Banco Agropecuario y el “empresario” gozaba de solvencia económica un par de días, sin darse cuenta que habían perdido la oportunidad de su vida a consecuencia de matar a la gallina de los huevos de oro.
¿Y dónde está el error?
El peruano se caracteriza por su aparente picardía, el microempresario tiene cuatro o cinco precios distintos de sus productos, dependiendo con quién trate (caserito, cliente nuevo, ingenuo, extranjero, paisano); en su gran mayoría es informal; siempre está buscando “la oportunidad de su vida”, pero nunca juega la lotería. Luego, tras el crecimiento de su pequeño negocio, constituye una pequeña empresa, y la administra él mismo, su esposa, o alguno de sus hijos. El dinero que ingresa al negocio, es confundido con el dinero de casa, con el sueldo que gana la cónyuge en su empleo y con la propina que envía el hijo mayor que está laborando en el extranjero. Asimismo, todos disponen del dinero de caja y, a pesar que pueden vivir el día a día, el pujante negocio no deja de ser la caja del día, y sus propietarios han perdido la oportunidad de convertirse en prósperos empresarios; en un ejemplo a seguir.
El Gobierno Corporativo en el Perú
De acuerdo a lo establecido por los Principios del Buen Gobierno Corporativo en la Empresa Peruana[2], éste viene cobrando cada vez más importancia en el ámbito local e internacional debido a su reconocimiento como un valioso medio para alcanzar mercados más confiables y eficientes.
En los últimos años se han establecido principios de adhesión voluntaria, realizado acuciosos estudios e implementado una serie de reformas legislativas, a fin de incentivar el desarrollo de buenas prácticas de gobierno corporativo.
Se ha comprobado el impacto directo y significativo que la implementación que dichas prácticas tienen en el valor, solidez y eficiencia de las empresas, y por tanto en el desarrollo económico y bienestar general de los países.
El texto mencionado, describe al Gobierno Corporativo como aquel que explica las reglas y los procedimientos para tomar decisiones en asuntos como el trato equitativo de los accionistas, el manejo de los conflictos de interés, la estructura de capital, los esquemas de remuneración e incentivos de la administración, las adquisiciones de control, la revelación de información, la influencia de inversionistas institucionales, entre otros, que afectan el proceso a través del cual las rentas de la sociedad son distribuidas[3].
En resumen, el gobierno corporativo ha nacido con la finalidad de crear un nuevo perfil de las empresas peruanas, para que puedan participar de una economía globalizada, y de esta manera, las empresas peruanas puedan abrir su capital a la inversión privada nacional o extranjera, para lo cual es necesario que se brinde niveles mínimos de control, protección e información al inversor y accionista minoritario.
Dicho esto, es importante remarcar que el conjunto de normas o prácticas del buen gobierno corporativo, involucra las relaciones entre el directorio, la gerencia, los accionistas y otros grupos de interés (acreedores, empleados, bonistas). El objetivo es que el directorio y la gerencia actúen siempre en beneficio de los intereses de la empresa y de sus accionistas, y que se facilite el monitoreo efectivo por parte de éstos últimos, incentivándose el uso más eficiente de los recursos por parte de las empresas. El buen gobierno corporativo es un elemento esencial en la búsqueda de eficiencia económica para todo mercado de valores.
El Gobierno Corporativo, ¿sólo para los grandes?
Una pequeña empresa dedicada a la confección de textiles con motivos incaicos, en base a fina alpaca, tiene un local de diez metros cuadrados, que ha podido adquirir después de diez años de trabajo. Un empresario inglés llega de visita al Perú y simplemente se enamora perdidamente de la majestuosidad del trabajo que le ofrecen, lo cautiva los detalles y la precisión con la que la propietaria del negocio teje una hermosa chompa de alpaca.
El visitante ya ha recorrido lujosas tiendas de alpaca en los lugares más exclusivos de Lima, sin embargo, nada le ha parecido más artístico que el trabajo que ahora tiene ante sus ojos. Para él, ésta es una oportunidad de negocio. Le interesa comprar decenas, cientos de chompas para llevar a su país, abrir una exclusiva tienda en Cambridge, deleitar a su entorno con los productos peruanos que se ha planeado importar a su tierra de origen.
Conversan, ella se entusiasma. Él quiere saber cuál es su capacidad de producción a la semana; se da con la sorpresa que no produce más de diez chompas en ese periodo y no tiene la intención de participar en un cluster, su desconfianza no se lo permite. El inversionista sigue buscando alternativas, y le propone ser su socio. A ella le agrada la idea. Como es obvio, él necesitará tomar una decisión acertada y para eso tendrá que hacer una evaluación total de la empresa (independientemente del tamaño de la misma), realizará un due diligence, para lo cual quiere conocer los estados financieros del negocio, los balances, recursos humanos, las políticas de gerencia de la empresa, el historial de ventas. Ella no tiene idea de lo que habla; no está preparada para la buena suerte; la oportunidad de negocio se diluye.
Políticas de Gobierno Corporativo para las PYMEs.
En los últimos años, el Gobierno Peruano se ha empeñado en impulsar el desarrollo de las PYMEs, creando instituciones dedicadas exclusivamente a ellas (Prompyme, por ejemplo) y encargando a otras a promover su desarrollo (Ministerio de Trabajo, de la Producción, Consucode, Prompex, entre otras). De tal manera, que por parte del Estado, podríamos decir que la tarea se está cumpliendo.
Por parte de los mismos empresarios, ha habido mucho empeño y dedicación que ha llevado consigo a una mejor calidad de vida y con ello, al impulso de la economía nacional.
Pero en este juego de oferta y demanda, de mercados abiertos, de competencia global, de mejoras o déficit en la economía a consecuencia de lo que ocurre en el otro lado del planeta, el pequeño empresario debe estar preparado para mantenerse en el mercado.
Las grandes empresas han logrado el éxito gracias a su eficiencia, disciplina, políticas claras, transparencia, todo esto llamado hoy en día, buen gobierno corporativo.
Las empresas se preocupan mucho por el buen comportamiento dentro y fuera de su entorno. La buena imagen que otorgan a los inversionistas y accionistas, tanto como a los stakeholders se traduce en mayor inversión, más inyección de capital, más dinero para la empresa y por ende, mayor posibilidad de obtener jugosas utilidades.
Si las políticas de buen gobierno corporativo han logrado colocar en la vitrina a las grandes y algunas medianas empresas, obteniendo exitosos resultados (mayor inversión), ¿por qué las PYMEs no se proponen a seguir sus pasos?
Aprendiendo de quienes ya aprendieron (y evitando caer como quien ya cayó)
La compañía líder en auditoría contable y financiera del mundo y la compañía número uno de energía de la década pasada, decidieron lanzarse juntas al vacío a principios de los años 2000. ¿Cuál fue su estrategia para el suicidio perfecto?, sencillamente, alejarse de las prácticas de buen gobierno corporativo, brindar información falsa a los inversionistas, aparentar éxito cuando no era así, hacer creer que la compañía estaba en etapa de bonanza, cuando realmente estaba rumbo a la quiebra.
A consecuencia de la caída de Enron y Arthur Andersen, y el escándalo similar de Parmalat, todos los países del mundo pisaron el acelerador y se comprometieron a trabajar de manera ardua en busca de la gestión transparente de las empresas.
Esta necesidad del Estado por que las empresas se porten de manera correcta dentro de las mismas, no hace más que buscar protección a los potenciales inversionistas. Es por ello que el principal trabajo de Gobierno Corporativo y la obligación de remisión de información apunta exclusivamente a las empresas que cotizan en bolsa, toda vez que quienes invertirán en la bolsa, lo harán confiados en la información a la que pueden acceder.
Por ejemplo, al generarse los hechos de importancia (tanto por información pública de la propia empresa, como por la información proporcionada a la CONASEV y que ésta a su vez hace pública), el potencial inversionista podrá tomar una decisión con mayor certeza. Probablemente el cambio de un director, o la inversión millonaria de la empresa en una nueva planta de producción, podrá significar al inversionista una excelente oportunidad o un alto riesgo, según sea el caso.
¿Qué ocurre con las PYMEs? Éstas, al no tener la confianza de los inversionistas, deberán siempre buscar apalancamiento financiero en entidades bancarias (a las que muchas no pueden recurrir, debido a su alta informalidad), financieras (que en muchos casos cobran muy altas tasas de interés), e inclusive a prestamistas privados (para quienes deberá trabajar la empresa de manera exclusiva y correrá el riesgo de perderlo todo). No tienen mayor oportunidad de recibir inyección de capital por parte de cualquier inversionista que mira el mercado, porque no están preparados.
Step by step
Lo primero que debe hacer una PYME es formalizarse. Para ello, el Ministerio de Trabajo brinda valiosa información a los micro, pequeños y medianos empresarios, asistiéndolos además en la redacción de la minuta y el seguimiento de los pasos para inscribir en Registros Públicos la empresa, y orientándolos en la mejor manera de llevar la planilla de la nueva empresa.
Para constituir la empresa, es indispensable que los socios fundadores tengan la certeza de trabajar juntos, compartir información, o por lo menos tener bien delimitado cuál es su rol en la gestión de la compañía, tomando en cuenta que puede haber un socio inversionista y un socio ejecutivo.
La PYME debe tomar una sabia decisión al elegir a las personas que las dirigirán. Deben conocer las cualidades del gerente general, de quienes manejen las cuentas de la empresa y quienes tomen las decisiones más importantes.
Es muy importante que los socios cumplan con agendar y participar de reuniones periódicas, las mismas que, junto con los acuerdos adoptados deberán constar en el libro de actas institucional.
De ser posible, el gerente general, deberá mantener informado sobre los balances y demás estados financieros de la PYME a los socios de la misma. Independientemente que la empresa se haya constituido como una Empresa Individual de Responsabilidad Limitada (EIRL) es importante que se genere toda esta información, tomando en cuenta que la empresa intentará estar siempre en vitrina.
Los estados financieros anuales deben mantenerse archivados para ser mostrados al momento de estimarlo necesario.
Cualquier hecho de importancia[4] deberá ser comunicado a los socios o eventualmente registrarlo en un libro dedicado exclusivamente a este fin.
Además, hay que llevar una buena relación con los proveedores, acreedores, empleados, comisionistas; de manera que al momento que el inversionista busque opiniones en el mercado, éstas sean las mejores.
Al momento que una persona natural o jurídica decida invertir en una PYME, tendrá toda la información que requiere para hacer un buen due diligence y contrarrestar todas sus dudas y temores de invertir en una pequeña empresa.
Por otro lado, ha quedado comprobado, tras el paso de la historia, que una empresa familiar pocas veces pasa con éxito a la segunda generación; lo normal es que hayan serios problemas al momento de la transferencia a los descendientes de los fundadores, por falta de preparación de éstos, formas distintas de ver el negocio, o simplemente desidia de los nuevos titulares.
Las PYMEs, en la medida que van creciendo deberán preocuparse por buscar independencia entre los accionistas (o socios) y sus gerencias. De esta manera, las decisiones no se tomarán con pasión, sino con profesionalismo, y la empresa no correrá altos riesgos innecesarios.
Un primer buen paso, hará que las PYMEs peruanas logren ser tan competitivas y sabrosas para los inversionistas, como cualquier gran empresa, pues tienen un valor irrepetible: alta creatividad.
Una pequeña empresa dedicada a la confección de textiles con motivos incaicos, en base a fina alpaca, tiene un local de diez metros cuadrados, que ha podido adquirir después de diez años de trabajo. Un empresario inglés llega de visita al Perú y simplemente se enamora perdidamente de la majestuosidad del trabajo que le ofrecen, lo cautiva los detalles y la precisión con la que la propietaria del negocio teje una hermosa chompa de alpaca.
El visitante ya ha recorrido lujosas tiendas de alpaca en los lugares más exclusivos de Lima, sin embargo, nada le ha parecido más artístico que el trabajo que ahora tiene ante sus ojos. Para él, ésta es una oportunidad de negocio. Le interesa comprar decenas, cientos de chompas para llevar a su país, abrir una exclusiva tienda en Cambridge, deleitar a su entorno con los productos peruanos que se ha planeado importar a su tierra de origen.
Conversan, ella se entusiasma. Él quiere saber cuál es su capacidad de producción a la semana; se da con la sorpresa que no produce más de diez chompas en ese periodo y no tiene la intención de participar en un cluster, su desconfianza no se lo permite. El inversionista sigue buscando alternativas, y le propone ser su socio. A ella le agrada la idea. Como es obvio, él necesitará tomar una decisión acertada y para eso tendrá que hacer una evaluación total de la empresa (independientemente del tamaño de la misma), realizará un due diligence, para lo cual quiere conocer los estados financieros del negocio, los balances, recursos humanos, las políticas de gerencia de la empresa, el historial de ventas. Ella no tiene idea de lo que habla; no está preparada para la buena suerte; la oportunidad de negocio se diluye.
Políticas de Gobierno Corporativo para las PYMEs.
En los últimos años, el Gobierno Peruano se ha empeñado en impulsar el desarrollo de las PYMEs, creando instituciones dedicadas exclusivamente a ellas (Prompyme, por ejemplo) y encargando a otras a promover su desarrollo (Ministerio de Trabajo, de la Producción, Consucode, Prompex, entre otras). De tal manera, que por parte del Estado, podríamos decir que la tarea se está cumpliendo.
Por parte de los mismos empresarios, ha habido mucho empeño y dedicación que ha llevado consigo a una mejor calidad de vida y con ello, al impulso de la economía nacional.
Pero en este juego de oferta y demanda, de mercados abiertos, de competencia global, de mejoras o déficit en la economía a consecuencia de lo que ocurre en el otro lado del planeta, el pequeño empresario debe estar preparado para mantenerse en el mercado.
Las grandes empresas han logrado el éxito gracias a su eficiencia, disciplina, políticas claras, transparencia, todo esto llamado hoy en día, buen gobierno corporativo.
Las empresas se preocupan mucho por el buen comportamiento dentro y fuera de su entorno. La buena imagen que otorgan a los inversionistas y accionistas, tanto como a los stakeholders se traduce en mayor inversión, más inyección de capital, más dinero para la empresa y por ende, mayor posibilidad de obtener jugosas utilidades.
Si las políticas de buen gobierno corporativo han logrado colocar en la vitrina a las grandes y algunas medianas empresas, obteniendo exitosos resultados (mayor inversión), ¿por qué las PYMEs no se proponen a seguir sus pasos?
Aprendiendo de quienes ya aprendieron (y evitando caer como quien ya cayó)
La compañía líder en auditoría contable y financiera del mundo y la compañía número uno de energía de la década pasada, decidieron lanzarse juntas al vacío a principios de los años 2000. ¿Cuál fue su estrategia para el suicidio perfecto?, sencillamente, alejarse de las prácticas de buen gobierno corporativo, brindar información falsa a los inversionistas, aparentar éxito cuando no era así, hacer creer que la compañía estaba en etapa de bonanza, cuando realmente estaba rumbo a la quiebra.
A consecuencia de la caída de Enron y Arthur Andersen, y el escándalo similar de Parmalat, todos los países del mundo pisaron el acelerador y se comprometieron a trabajar de manera ardua en busca de la gestión transparente de las empresas.
Esta necesidad del Estado por que las empresas se porten de manera correcta dentro de las mismas, no hace más que buscar protección a los potenciales inversionistas. Es por ello que el principal trabajo de Gobierno Corporativo y la obligación de remisión de información apunta exclusivamente a las empresas que cotizan en bolsa, toda vez que quienes invertirán en la bolsa, lo harán confiados en la información a la que pueden acceder.
Por ejemplo, al generarse los hechos de importancia (tanto por información pública de la propia empresa, como por la información proporcionada a la CONASEV y que ésta a su vez hace pública), el potencial inversionista podrá tomar una decisión con mayor certeza. Probablemente el cambio de un director, o la inversión millonaria de la empresa en una nueva planta de producción, podrá significar al inversionista una excelente oportunidad o un alto riesgo, según sea el caso.
¿Qué ocurre con las PYMEs? Éstas, al no tener la confianza de los inversionistas, deberán siempre buscar apalancamiento financiero en entidades bancarias (a las que muchas no pueden recurrir, debido a su alta informalidad), financieras (que en muchos casos cobran muy altas tasas de interés), e inclusive a prestamistas privados (para quienes deberá trabajar la empresa de manera exclusiva y correrá el riesgo de perderlo todo). No tienen mayor oportunidad de recibir inyección de capital por parte de cualquier inversionista que mira el mercado, porque no están preparados.
Step by step
Lo primero que debe hacer una PYME es formalizarse. Para ello, el Ministerio de Trabajo brinda valiosa información a los micro, pequeños y medianos empresarios, asistiéndolos además en la redacción de la minuta y el seguimiento de los pasos para inscribir en Registros Públicos la empresa, y orientándolos en la mejor manera de llevar la planilla de la nueva empresa.
Para constituir la empresa, es indispensable que los socios fundadores tengan la certeza de trabajar juntos, compartir información, o por lo menos tener bien delimitado cuál es su rol en la gestión de la compañía, tomando en cuenta que puede haber un socio inversionista y un socio ejecutivo.
La PYME debe tomar una sabia decisión al elegir a las personas que las dirigirán. Deben conocer las cualidades del gerente general, de quienes manejen las cuentas de la empresa y quienes tomen las decisiones más importantes.
Es muy importante que los socios cumplan con agendar y participar de reuniones periódicas, las mismas que, junto con los acuerdos adoptados deberán constar en el libro de actas institucional.
De ser posible, el gerente general, deberá mantener informado sobre los balances y demás estados financieros de la PYME a los socios de la misma. Independientemente que la empresa se haya constituido como una Empresa Individual de Responsabilidad Limitada (EIRL) es importante que se genere toda esta información, tomando en cuenta que la empresa intentará estar siempre en vitrina.
Los estados financieros anuales deben mantenerse archivados para ser mostrados al momento de estimarlo necesario.
Cualquier hecho de importancia[4] deberá ser comunicado a los socios o eventualmente registrarlo en un libro dedicado exclusivamente a este fin.
Además, hay que llevar una buena relación con los proveedores, acreedores, empleados, comisionistas; de manera que al momento que el inversionista busque opiniones en el mercado, éstas sean las mejores.
Al momento que una persona natural o jurídica decida invertir en una PYME, tendrá toda la información que requiere para hacer un buen due diligence y contrarrestar todas sus dudas y temores de invertir en una pequeña empresa.
Por otro lado, ha quedado comprobado, tras el paso de la historia, que una empresa familiar pocas veces pasa con éxito a la segunda generación; lo normal es que hayan serios problemas al momento de la transferencia a los descendientes de los fundadores, por falta de preparación de éstos, formas distintas de ver el negocio, o simplemente desidia de los nuevos titulares.
Las PYMEs, en la medida que van creciendo deberán preocuparse por buscar independencia entre los accionistas (o socios) y sus gerencias. De esta manera, las decisiones no se tomarán con pasión, sino con profesionalismo, y la empresa no correrá altos riesgos innecesarios.
Un primer buen paso, hará que las PYMEs peruanas logren ser tan competitivas y sabrosas para los inversionistas, como cualquier gran empresa, pues tienen un valor irrepetible: alta creatividad.
[1] La subvención económica a los agricultores puede sobrepasar el 100% del costo de su producción, debido a políticas de protección a la producción nacional, e increíblemente, a políticas de migración interna.
[2] Este texto fue elaborado por la Comisión Supervisora de Empresas y Valores (CONASEV), Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Superintendencia de Banca y Seguros (SBS), Bolsa de Valores de Lima (BVL), Asociación de Bancos del Perú (ASBANC), Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP), Asociación de Empresas Promotoras del Mercado de Capitales (PROCAPITALES) y el Centro de Estudios de Mercados de Capitales y Financiero (MC&F).
[3] http://www.conasev.gob.pe/Acercade/BuenGobierno/principios_buen_gobierno.pdf
muy buen tema donde encuentro mas informacion...
ResponderEliminarQué buen post. Es difícil encontrar conceptos tan bien explicados en la web sobre un tema tan poco habitual.
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